El empoderamiento femenino que busca cambiar el rol de la mujer en las narrativas de los videojuego

Fomentar la participación de la mujer en la industria de los videojuegos y cambiar las narrativas de sus historias, que generalmente son protagonizadas por personajes masculinos y en muy pocas oportunidades por mujeres, es el propósito de Tan Grande y Jugando.

La iniciativa, creada por la periodista colombiana Sandra Castro Pinzón, hizo parte de la segunda parada de Colombia 4.0 en Ocaña (Norte de Santander), evento organizado por el Ministerio TIC y que reunió a más de 10.000 asistentes en torno a los avances más destacados de las industrias creativas digitales y TI.

Allí, la comunicadora expuso sobre la participación de la mujer en una industria que es dominada por los hombres y la importancia de que sean ellas mismas, como desarrolladoras, quienes ayuden a cambiar las narrativas de los videojuegos.

¿Hace cuánto se creó Tan Grande y Jugando?

Tan Grande y Jugando es una iniciativa que nace en 2017 con el interés de fomentar la participación de las mujeres dentro del gaming. Con base en ello nos preguntamos cómo funciona la industria del desarrollo de videojuegos en Colombia y América Latina.

¿Qué descubrieron con esta pregunta?

Esta es una industria en la que estamos promoviendo que más mujeres hagan parte. No es lo mismo ser gamer que desarrolladora videojuegos y por eso es que estoy fomentando que las mujeres a que se desempeñen en este campo y sean ellas quienes empiecen a cambiar las narrativas que usualmente son masculinas y misóginas, pues nos marcan como objetos sexuales. Claramente quien pueden cambiar esas narrativas eres tú como desarrolladora de videojuegos.

¿Cuántas mujeres en Colombia son desarrolladoras de videojuegos?

Calculamos que el 5% de nuestros desarrolladores pertenecen al género femenino. De 10 hojas de vida que llegan para un cargo de practicante, una es de mujer y para un cargo mucho más especializado como technical artist, de 100 hojas de vida que me llegan, solo una es de mujer, entonces ¿Qué está pasando? ¿La industria no quiere que las mujeres hagamos parte? o ¿Son ellas quienes sienten que no pueden hacer parte de la industria del desarrollo de videojuegos?

¿Cuál es la razón para que haya tan pocas mujeres en la industria?

Eso tiene que ver más con el derecho al juego. A las mujeres les quitamos el juego a edades tempranas y cuando les damos un juego, este se relaciona con actividades del hogar, ahí estas cortado un vínculo con la ciencia. No hay nada más científico que ensuciarte en un barrizal.

Ustedes se han preguntado ¿cuál es la profesión de Max Steel? Es un héroe, aventurero, libre. En cambio, al ver a la Barbie esta tiene muchas profesiones, es profesora, médica, bombero, piloto, hasta astronauta. Lo que no está mal, pero vemos cómo la sociedad nos pone una carga a las mujeres de ser productivas desde pequeñas.

¿Cuál es la participación de las mujeres como gamers?

Cuando le preguntan a una mujer por sus principales hobbies, ella no va a reconocer que es gamer, aunque somos el 46% a nivel internacional. Porque todavía no está bien visto, no nos sentimos cómodas.

El problema es que cuando nos preguntan por esto, hablamos de nuestros hobbies más pasivos como ver ir a cine y leer libros, pero podemos hacer otras actividades más activas y no somos conscientes.

¿Qué están haciendo para atraer mujeres a esta industria?

En esto tenemos un gran reto porque si bien en Colombia cerca de 40% de los programadores son mujeres, son pocas las que se interesan por la industria de videojuegos, pues usualmente se van a trabajar en temas de seguridad de la información.

Por esto, es importante que sigamos impulsando espacios como Women Game Jam, porque aquí se crean nuevas oportunidades para que más mujeres se vinculen a las industrias creativas digitales.

Vemos que muchas no se atreven a ir a los encuentros de Game Jam de hombres, porque no se sienten seguras, pero en los encuentros femeninos todas se atreven a desarrollar sus productos, se siente un ambiente de sororidad, algo muy importante pues la sociedad nos ha enseñado que debemos competir entre nosotras, pero ese imaginario está desapareciendo.

Además, los productos que resultan de estos encuentros se convierten en su carta de presentación frente a empresas que tiene vacantes disponibles. Todavía tenemos un largo camino por recorrer, pero estamos sentando bases sólidas para que más mujeres puedan ser parte de este sector y hacer historia.

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