La evidencia científica es clara: una exposición severa al conflicto, el desplazamiento o la migración deteriora la salud mental de quienes cuidan a niñas y niños. Esto afecta la calidad del vínculo entre cuidadores, niñas y niños. Los vínculos inestables, en combinación con eventos adversos severos y persistentes, generan estrés tóxico en la primera infancia: un mecanismo que afecta el desarrollo cerebral, la salud física y mental, y compromete los cimientos del desarrollo humano.
Hoy, Colombia cuenta por primera vez con un marco normativo que pone este problema en el centro: la Ley 2460 de Salud Mental, la Ley 2503 que establece la Cátedra de Educación Socioemocional desde el preescolar, y la Política Nacional de Cuidado (CONPES 4143). Las tres reconocen a las y los cuidadores como actores clave en el desarrollo de la primera infancia y crean obligaciones concretas para el próximo gobierno: reglamentarlas, financiarlas e implementarlas con rigor.
Un modelo que ya funciona en 7 territorios de Colombia, incluido Bogotá.
Semillas de Apego nació para responder a este desafío. Este programa de atención psicosocial comunitario acompaña a madres, padres y cuidadores de niñas y niños entre los 0 y 5 años en entornos afectados por el conflicto, el desplazamiento y la migración. A través de 15 sesiones grupales lideradas por facilitadoras comunitarias, las y los cuidadores encuentran un espacio para procesar sus experiencias de vida y fortalecer sus vínculos con las niñas y los niños, partiendo de una premisa central: es indispensable estar bien para cuidar bien.
Hoy el programa está presente en 7 departamentos y 12 municipios, impactando a más de 9.000 cuidadores y, a través de ellos, a más de 11.000 niñas y niños. Una evaluación de impacto con diseño experimental en Tumaco —uno de los territorios más afectados por el conflicto en Colombia— demostró reducciones significativas en ansiedad y depresión en cuidadores, y en problemas de salud mental y comportamiento en niñas y niños.
En Bogotá, desde 2015 el programa ha acompañado a más de 1.312 madres, padres y cuidadores y, a través de ellos, a más de 1.659 niñas y niños en las localidades de Bosa (cinco Unidades de Planeación Zonal), Suba (dos Unidades de Planeación Zonal) y Engativá. Este trabajo es posible gracias al apoyo y articulación de líderes comunitarios y entidades como la Secretaría de la Mujer y el ICBF.
Encontramos que hay una relación estadística positiva entre una salud mental de los niños y niñas, y niveles más bajos de estrés de las y los cuidadores. Este es un dato clave porque hace evidente que la salud mental de cuidadores es el vehículo que explica cómo los efectos psicológicos de la violencia en la primera infancia se pueden reducir, y ahí es donde se vuelve información relevante para plantear medidas de política pública, afirma Andrés Moya, director y fundador de Semillas de Apego.
Esa evidencia respalda un llamado urgente al que ya se han sumado instituciones públicas y privadas, así como líderes comunitarios: no se trata de crear una política nueva, sino de implementar lo que Colombia ya aprobó, con el conocimiento acumulado de programas que llevan años promoviendo la salud mental y el desarrollo infantil en los territorios más afectados del país.


