En un país como Colombia, reconocido por su riqueza hídrica y por albergar ecosistemas fundamentales para la producción y regulación del agua, hablar de su cuidado no debería ser una conversación exclusiva de expertos, autoridades o ambientalistas.
También debe ser una enseñanza cotidiana desde las aulas, donde niños y jóvenes pueden empezar a comprender que este recurso, aunque esencial para la vida, no es infinito y requiere acciones concretas para su protección.
La conversación cobra especial relevancia en marzo, mes clave para reflexionar sobre la importancia del agua, invita a reflexionar sobre la relación entre los ecosistemas, la sostenibilidad y la responsabilidad colectiva frente al recurso hídrico.
En Colombia, esta reflexión adquiere aún más peso: el país alberga cerca del 50 % de los páramos del mundo, ecosistemas de alta montaña que cumplen una función estratégica en la producción y regulación del agua dulce que abastece a millones de personas.
A esto se suma la importancia de sus bosques. Con más de 59 millones de hectáreas, equivalentes a alrededor del 51,8 % del territorio nacional, estas áreas cumplen un papel determinante en la regulación del ciclo del agua, la protección de las cuencas, la conservación de la biodiversidad y la estabilidad climática.
Esta riqueza natural convierte la educación ambiental en una tarea prioritaria, especialmente en edades tempranas, cuando se forman los hábitos y la conciencia que marcarán la relación de las nuevas generaciones con su entorno.
En ese contexto, el Colegio Bilingüe Richmond resalta la importancia de llevar esta conversación al entorno escolar a través de actividades que permitan a los estudiantes entender, de manera cercana y práctica, por qué cuidar el agua es una responsabilidad diaria.






